Clara Inés Santamaría es una jovencita marginada e injustamente
tachada de retrasada mental por su tartamudez y poco tino para la moda,
además de por los enormes anteojos que ocultan su bello rostro; vive una
vida solitaria en un orfanato dirigido por monjas en la zona oeste de
Venezuela. Un día, una de las monjas más ancianas del orfanato le revela
a Clara Inés que en realidad pertenece a la familia más poderosa del
país, por lo que decide ir a Caracas en busca de su padre, Israel Santamaría.
Clara Inés no posee mucho dinero para costearse el viaje, y
tratando de obtenerlo se tropieza con Raúl Velandró Lara-Portillo, quien
por una confusión la acusa de tratar de robarle su billetera. Sin
embargo, Raúl retira la denuncia al escuchar la historia de la joven y
le explica que es miembro de la familia que está buscando, así que le
ofrece llevarla con él a la ciudad; en el trayecto, ella se enamora
perdidamente de él.
Sin embargo, Raúl y Clara Inés no emprenden el viaje solos, sino
que están continuamente vigilados por un grupo de sicarios que tienen
órdenes de no dejar que ella llegue viva a la Mansión Santamaría, pero
todos los atentados contra la vida de Clara Inés fracasan. La persona
que está detrás de todos los atentados es Pastora Lara-Portillo de
Santamaría, madre de Raúl y esposa del poderoso Israel Santamaría, que
no piensa permitir que la joven se apodere de lo que ella considera que
le corresponde.
A pesar de todo sus esfuerzos por no dejar que Clara Inés llegue a
Caracas, Pastora se ve obligada a aceptar a la recién llegada, pero la
pone a trabajar como sirvienta. Todos humillan y desprecian a Clara
Inés, pero lo peor para ella es descubrir que Raúl ya está casado; su
esposa, Tamara Campos, es una mujer malcriada y prejuiciosa que, al
darse cuenta de los sentimientos de Clara Inés hacia su marido, se alía
con Pastora para hacerle creer a todos que padece de un tumor maligno y
así evitar que Raúl la deje.
Incapaz de demostrar con pruebas fehacientes que es hija de
Israel Santamaría, Clara Inés es expulsada de la mansión. Sin embargo,
Cirilo Santamaría, hermano menor de Israel, la busca y la vuelve a meter
en la casa explicándole a todos que es su propia hija. Cirilo sabe
perfectamente que Clara Inés es la hija de su hermano mayor, pero
Pastora nunca dejará que sea reconocida como tal.
Poco a poco, la bondad de Clara Inés se transformará en rencor,
dureza y desprecio por todos aquellos que la humillaron y la marginaron.
La joven pagará con la misma moneda todas las crueldades de Pastora,
hasta el punto de que su amor por Raúl quedará relegado a un segundo
plano. Los crímenes de Pastora serán terribles, pero la justicia divina
le hará pagar por sus graves delitos y recompensará a Clara Inés por su
perseverancia y constancia, aun cuando ella también incurra en trucos
sucios para lograr sus objetivos.