El día en que Pedro Armstrong cumple 40 años, Carolina,
su insoportable mujer, lo atosiga y sofoca durante todo el día, pues
como siempre ha organizado un fastuoso evento y espera que este resulte a
la perfección. Sus hijos se muestran absolutamente indiferentes y su
jefe, quien también es su suegro, lo abruma en el trabajo. En medio de
la fiesta, Pedro descubre que un sentimiento extraño que sumado a los
brujeos permanentes de Carolina y a sus descalificaciones lo hacen
explotar y, cansado, simplemente se va. Aburrido de su ex, decide
dejarla y renuncia a su exitoso, pero rutinario trabajo de publicista
dispuesto a convertirse en un nuevo hombre. No se imagina que tendrá que
soportar la furia y locura de Carolina, quien jamás pensó que él se
atrevería a dejarla.
Sin plata y sin trabajo Pedro decide remodelar una vieja casa
para compartirla únicamente con hombres separados. En este particular
lugar convivirá una fauna representativa de especímenes masculinos:
Jaime, un cirujano en aprietos, Emilio, un cineasta fracasado, Antonio, un profesor prisionero de su dominante madre, y Mateo,
un tipo sensible y romántico en busca de su “príncipe azul”. Todos
juntos planean vivir como quieren. Así en esta casa de separados no se
admitirán a las “ex”. El fútbol y la PlayStation se transformarán en los
compañeros más fieles, y los asados, las fiestas y las mujeres serán
pan de cada día. Porque Emilio, un tipo encantador repleto de sueños
pero un auténtico chanta; Antonio, un solterón mañoso y rezongón que
acaba de cortar con el lazo materno; Mateo, el dueño de un bar poco
ambicioso que sueña con encontrar al hombre perfecto y Jaime un cirujano
plástico mujeriego y seductor que nunca imaginó que su abnegada señora
lo abandonarían por infiel, esperan sobrevivir a la llamada crisis de la
edad media donde esperan comenzar a vivir de otra forma, mucho más
libres y sin ataduras. Así es como sueñan pasar el resto de sus días.
En medio de mujeres guapas, romances con jovencitas y en una
fiesta permanente, estos hombres finalmente formarán un verdadero “Club
de Toby” convirtiendo la vieja casa en un paraíso para hombres solteros.
Sólo que las cosas se complicarán cuando empiecen a aparecer las ex,
los hijos, las madres, las suegras, las nanas… Y, por cierto, comiencen
aflorar las peculiares personalidades de cada uno de los que viven en la
casa. Porque está claro que independiente de la buena convivencia y las
buenas normas cada uno de ellos tiene sus mañas, se empecinarán en
demostrar que son autosuficientes y que no necesitan a una pareja a su
lado para poder subsistir y ser felices.